El odio hacia su propio hijo se manifiesta en la falta de voluntad para aceptarlo con el alma, la negación de su existencia, el rechazo. La madre y el padre sienten antipatía, hostilidad, amargura e incluso asco hacia él. Este fenómeno puede surgir por diversas razones, tales como la insatisfacción con sus propias vidas, expectativas no cumplidas o presiones sociales. Además, la falta de habilidades parentales y experiencias traumáticas en la infancia de los padres puede influir en su capacidad para amar y cuidar adecuadamente a sus hijos.
Los padres que han tenido relaciones disfuncionales pueden replicar esos patrones en la crianza. El estrés psicológico y emocional también juega un papel importante; las tensiones económicas, problemas de pareja o enfermedades mentales pueden exacerbar sentimientos negativos hacia los hijos. Es fundamental buscar ayuda profesional y abrir un diálogo sobre las emociones para evitar que estos sentimientos se traduzcan en abusos físicos o psicológicos, creando un ciclo vicioso que perpetúa el dolor en la familia.
Señales de odio
Cuando una persona tiene dificultades para superar los obstáculos de la vida, recibe el apoyo de sus padres. Comprenden y compadecen a su hijo. Un niño no debe tener miedo de contar a su madre o a su padre los problemas que le han surgido. Puede compartir valientemente cualquier alegría con ellos.
Sin embargo, hay personas que no pueden garantizar a sus propios hijos ningún apoyo moral. Hay veces en que una madre odia a su propio hijo.
Para darse cuenta de que un padre no le quiere, puede por algunas señales. Algunas de estas señales pueden incluir la falta de interés en las actividades del niño, el uso de palabras hirientes que hacen que el niño se sienta menospreciado, y la incapacidad para ofrecer apoyo emocional en momentos de necesidad. También es común que los padres que no muestran amor hacia sus hijos tiendan a compararlos con otros niños, resaltando sus fallas y minimizando sus logros.
Es fundamental que los niños comprendan que no están solos y que hay otras personas, como amigos, maestros o consejeros, que pueden brindarles el apoyo y la comprensión que necesitan. Fomentar la comunicación abierta en estas relaciones puede ayudar a los niños a sentirse valorados y queridos, incluso si no reciben ese amor de sus padres.
Razones
La psicología de un adulto es tal que, cuando se viola una zona de comodidad personal, se pueden dirigir emociones negativas hacia el bebé. Así reacciona el organismo ante circunstancias desfavorables. Por ejemplo, una mujer, al quedarse sin el apoyo de su marido o familiares, cae en depresión. Se enfada con el inocente bebé. El resentimiento se convierte en aversión hacia el propio hijo.
Ocurre que el bebé irrumpe en la vida de la pareja de forma imprevista. No todos los hombres están dispuestos a cambiar el modo de vida establecido. Los padres no pueden aceptar el nacimiento de un hijo o una hija. Se culpa al bebé del fracaso de planes no realizados. El rechazo inconsciente del hijo no deseado se sustituye por odio.
Algunos hombres no pueden hacer frente a las molestias y preocupaciones que se les han venido encima de repente. El llanto del bebé no permite al joven padre dormir bien. El nacimiento de un bebé enfermo desequilibra al hombre. Poco a poco, la irritación se transforma en aversión hacia el pequeño gritón. El cónyuge no lo soporta y abandona la familia.
A menudo, el divorcio convierte a una madre cariñosa en una persona irritable. El niño se convierte en una especie de pararrayos para ella. Desata toda su ira y rabia acumuladas contra el bebé. El amor materno es sustituido primero por la irritación y luego por el odio. El bebé puede ser un obstáculo para entablar nuevas relaciones. Una mujer grita al bebé, le humilla y le insulta. Algunas mujeres resentidas levantan la mano sobre su propio hijo.
A menudo el niño causa irritación en uno de los padres por su parecido con su antigua pareja. El padre empieza a odiar a su hija, que se parece a la señora que odia por su aspecto, sus andares y sus payasadas. Por la misma razón, a una mujer le molesta su propio hijo. Las emociones negativas dirigidas al cónyuge que causó el dolor se transfieren a los hijos.
A veces a un padre no le gusta su hijo porque siente que es un rival. Se da cuenta de que su compañera dedica más tiempo y atención al niño. Un hombre empieza a pensar que a partir de ahora su cónyuge quiere más a su hijo. El marido se enfada y siente celos de su bebé.
A menudo, la irritación se convierte en aversión hacia el niño. El padre insulta, humilla y critica inmerecidamente a su hijo y levanta la mano contra él.
El amor extremo también puede provocar el rechazo de un hijo o una hija. Los padres intentan obligar a sus hijos a vivir según sus ideas personales. Odian a sus hijos adultos a causa de sus propios sueños incumplidos. Por ejemplo, la madre y el padre querían ver en sus descendientes adultos a científicos o diseñadores famosos, pero ellos no cumplieron las esperanzas de sus progenitores. Los padres decepcionados se amargan y les odian durante el resto de sus vidas. A veces, por el contrario, los éxitos del niño se convierten en irritación. La envidia engendra peleas.
A menudo, el amor sin límites por los nietos lleva a los cónyuges a pensar que los hijos no los educan como es debido. Acusan a la hija o al hijo de irresponsabilidad total. La actitud hostil acaba en rechazo y odio hacia los hijos adultos.
A veces, a una madre no le gusta su hija adulta porque está celosa de ella. Ve a su heredero florecer, mejorar. La propia madre empieza a envejecer. La mujer se siente incómoda ante una joven hermosa. La madre traslada la responsabilidad de sus sentimientos desagradables a su propia hija. Y el odio se inculca en el corazón de la madre para siempre.
La comparación lleva a la competencia y la envidia. Con el tiempo, las emociones negativas se convierten en resentimiento y hostilidad. Las antiguas bellezas acostumbradas a ser el centro de atención pueden odiar a su propia hija toda la vida.
La madre envidiosa la critica sin cesar, devalúa los logros de su hija, le reprocha los costes morales y financieros invertidos en ella.
Es vital para los padres reconocer sus propias emociones y vulnerabilidades antes de proyectarlas en sus hijos. Tomarse un tiempo para la auto-reflexión y buscar apoyo psicológico puede ser crucial para evitar la transferencia de resentimientos. Además, establecer una comunicación abierta con los hijos, y fomentando un ambiente de comprensión y apoyo, puede ayudar a prevenir la generación de aversión y rencor hacia ellos.
Finalmente, el establecimiento de límites saludables en las relaciones familiares es esencial. Esto no solo protege el bienestar emocional de los padres, sino que también garantiza que los hijos crezcan en un entorno que fomente el amor, la comprensión y el respeto mutuo. La educación emocional es clave para romper el ciclo de dolor y resentimiento entre generaciones.
¿Cómo comportarse?
Los niños que crecen sin el amor de sus padres tienen dificultades para alcanzar grandes éxitos en la vida. Odiar a la madre o al padre provoca diversas enfermedades. Es difícil aceptar ese comportamiento de los propios padres. En este caso, no tengas miedo de dar a otras personas la oportunidad de quererte. Sé abierto y amigable con adultos de confianza. Pase más tiempo con amigos y familiares de confianza. No te quedes solo con tu pena. La soledad prolongada afecta al estado mental y físico.
No puedes elegir a tus antepasados, así que tienes que aceptar el hecho de que tienes padres tóxicos. No se culpe por ello, porque usted no es responsable de ellos. No busques excusas para el comportamiento de los padres. Anota en un diario personal todos los malos acontecimientos y los momentos positivos relacionados con tu relación. No guardes rencor a tu madre. El problema no está en ti, sino en ella. Perdónala. El perdón restablecerá tu equilibrio mental.
Minimiza el contacto con los familiares que te odian. Distanciarse, huir de ellos. Acostúmbrate desde la infancia a la vida independiente. Aprende a distribuir el presupuesto, a utilizar los electrodomésticos, a hacer varios pagos. Los problemas familiares no deben ser motivo de abandono escolar. A lo largo de su vida, eleve su nivel intelectual y profesional.
Bloquea los insultos y las humillaciones. No demuestres nada a esos padres. Responde a las groserías con respuestas de una sola palabra e intenta poner fin a la conversación desagradable lo antes posible. No desahogues tu angustia con otras personas, incluidos tus hermanos. No copies el patrón de conducta de tus padres que te odian.
Si uno de tus padres abusa de ti física o incluso sexualmente, no te cierres en banda. Busca ayuda en familiares o personas cercanas de confianza. En casos difíciles en los que tu salud o tu vida corran peligro, no tengas miedo de denunciar a la policía.
No es mala opción buscar ayuda de un psicólogo o psicoterapeuta. Debes contarle honestamente al especialista todos los problemas relacionados con la relación padre-hijo. Él analizará en detalle la situación desagradable y te dirá qué hacer a continuación.
Puedes protegerte de los padres tóxicos con la ayuda de ciertos mecanismos desarrollados por un especialista específicamente para ti.
Es fundamental cuidar de tu bienestar emocional y físico, por lo que también puedes practicar técnicas de autocuidado como la meditación, el yoga o ejercicios de respiración. Estas prácticas te ayudarán a reducir el estrés y a estar más en sintonía contigo mismo. Además, considera unirte a grupos de apoyo donde puedas compartir tus experiencias y aprender de otros que han vivido situaciones similares; esto puede brindarte un sentido de comunidad y comprensión.
Recuerda que tu valor como persona no depende de la opinión de tus padres. Es importante construir una identidad propia, basada en tus intereses, valores y aspiraciones. Rodéate de personas que te valoren y te motiven a ser la mejor versión de ti mismo. Aprende a establecer límites saludables en tus relaciones y a comunicar tus necesidades de manera asertiva.
Consejos del psicólogo
Comparta sus sentimientos con amigos íntimos. Cuéntales tus problemas. Una conversación franca con una persona de confianza sobre las relaciones difíciles en la familia es un alivio. Pero procura no depender emocionalmente de esa persona.
Es deseable tener un mentor en la persona de un entrenador, profesor o jefe. Interésese por cómo esta persona ha logrado ciertos éxitos. Pide ayuda para conseguir tus objetivos de formación, estudios o trabajo. Un mentor nunca puede sustituir a los padres, pero ayudará a comprender una situación difícil.
Nunca compares la forma en que te tratan tus padres y tus hermanas o hermanos. Los adultos a veces no se dan cuenta de que tratan a sus hijos de forma diferente. Hay buenas razones por las que un hermano necesita más atención. Ser padre puede ser intuitivo. Céntrate en tu propia relación con tu madre y tu padre.
Acepta adecuadamente las críticas y los insultos. A veces es así como un familiar intenta hacer frente a sus problemas personales. No se tome al pie de la letra las palabras obscenas que salen de su boca, no se las tome como algo personal.
Intente transformar los pensamientos negativos en positivos. Por ejemplo, tu padre te llamó tonto por tu incapacidad para modelar. Empieza a pensar inmediatamente que apuntarte a clases de modelaje y hacer un esfuerzo personal te ayudará a dominar esta difícil tarea.
Trátate con gran atención a tu personalidad. Cuídate, no sucumbas a tentaciones diversas en forma de tabaco, alcohol o drogas. Cuida tu propia salud desde pequeño. Haga ejercicio, coma bien y pase más tiempo al aire libre.
Empiece a llevar una vida interesante llena de experiencias agradables. La contribución concreta a la vida social le distraerá de pensamientos tristes sobre relaciones familiares difíciles. Una vida social activa puede ayudarte a reforzar tu autoestima y la confianza en tus propias capacidades. Únete a un movimiento de voluntariado, únete a un club de aficiones o apúntate a un club deportivo. Después de algún tiempo, seguro que se sentirá como un hombre feliz.
Practica la gratitud diariamente. Tómate un momento cada día para reflexionar sobre las cosas por las que estás agradecido, incluso las más pequeñas. Esto puede cambiar tu perspectiva y ayudarte a apreciar más lo que tienes.
Considera la terapia psicológica. Hablar con un profesional puede proporcionarte herramientas para manejar tus emociones y mejorar tus relaciones. No tengas miedo de buscar ayuda especializada cuando lo necesites.
Desarrolla habilidades de comunicación efectiva. Aprende a expresar tus sentimientos y necesidades de manera asertiva. Esto no solo mejorará tus relaciones, sino que también promoverá un ambiente más saludable en tu entorno familiar.
Recuerda, el autocuidado es fundamental. Dedica tiempo para ti mismo, ya sea leyendo un libro, practicando un hobby o simplemente relajándote. Asegúrate de que tu bienestar emocional esté siempre en la lista de prioridades.
