
Cada bebé, independientemente de su edad, pasa por un proceso de desarrollo individual. Algunos bebés empiezan a darse la vuelta de la espalda a la barriga antes de lo que marcan las normas generalmente aceptadas, otros, a los 8 meses, se ponen de pie con seguridad y, aún más, caminan sin el apoyo de su madre. Sin embargo, los padres modernos están más preocupados por la receptividad del propio nombre de su hijo, porque la falta de reacción puede hablar de la presencia de una desviación en el desarrollo.
Normas
«El bebé empieza a responder a su nombre a los 4 meses» – estas son las palabras que dicen los pediatras modernos cuando se les pregunta por el correcto desarrollo del niño. En realidad, se trata de una norma generalmente aceptada, pero no significa que todos los recién nacidos tengan que desarrollarse según los plazos indicados. En un panorama así, cada segundo niño moderno se registraría con una sospecha de una u otra desviación.
Por regla general, cada bebé se desarrolla individualmente. Los que a los 4 meses no podían entender que mamá o papá les llamaran por su nombre, empiezan a responder a que se dirijan a ellos más tarde en la vida. Esto puede ocurrir a los 7, 8, 9 e incluso 10 meses de edad. Dependiendo de la edad y de las habilidades adquiridas, el niño empezará a responder. A la edad de 4-5 meses, gira la cabeza al oír su nombre, empieza a mover las piernas y los brazos, puede balbucear algo en respuesta.
Hay casos en que los niños de 1-1.Los niños de 5 años no saben bien su nombre, pero esto no es un problema si el resto del progreso del niño se ajusta a las normas. Los padres sólo tendrán que realizar una serie de actividades con el niño para conseguir que un bebé de 2 años sepa claramente su nombre y responda a él en cualquier entorno.
No siempre las normas pediátricas de desarrollo del bebé se corresponden con la realidad. El niño no tiene por qué desarrollarse según un calendario concreto. Se aconseja a los padres que lleven un «diario del desarrollo» de su hijo y anoten en él todos los logros del bebé para descartar posibles desviaciones. A partir de estos datos, los especialistas podrán identificar la presencia de problemas en el desarrollo, si los hay, y corregir correctamente su eliminación
Por qué los niños no responden?
Antes de empezar a preocuparse y hacer sonar la alarma, es necesario identificar la naturaleza de la falta de reacción del niño a su propio nombre. De ello dependerán otros diagnósticos. Algunos padres creen que su hijo ha dejado de responder a su propio nombre, pero esto no es posible. Los niños no pierden las habilidades adquiridas. El bebé simplemente gira la cabeza y empieza a mostrarse activo con las manos a la voz de mamá o papá.

Según las normas generalmente aceptadas, un niño de un año debería responder a su nombre. Y con un año y medio ya realizan recados complejos, por ejemplo, «ir a la habitación y traer el coche». El niño no debe perderse en tal tarea, sino seguir claramente las instrucciones dadas en la frase. Si el bebé no responde a su nombre y además no cumple con las tareas de los padres, ya vale la pena enviarlo a que lo examinen.
Durante un examen exhaustivo, el especialista podrá identificar la causa del problema y, en función de la progresión de la anomalía, ajustar los procedimientos de tratamiento. Hay pocos diagnósticos posibles en este caso, pero los padres deben familiarizarse con ellos de antemano.

Para muchos padres, se trata de un problema muy desagradable. El niño no quiere comunicarse con su madre ni con su padre. Por regla general, estos niños responden a su propio nombre cuando se dirigen a ellos otras personas.

Pero cuando los bebés oyen la voz de sus padres, simplemente la ignoran.
Es muy difícil reconocer el problema en los bebés. Incluso los audífonos especiales pueden dar a veces un error. Cuando sea mayor, sabrá con certeza que el niño tiene una deficiencia auditiva. Bastará con intentar llamar al niño varias veces sin estar en su campo de visión. Si el bebé no reacciona de ninguna manera a la voz de mamá y papá, lo más probable es que simplemente no oiga.

Este problema está asociado a trastornos en el desarrollo del habla y su reconocimiento. En palabras sencillas, el niño oye pero no entiende lo que se le dice. Es como los adultos que no conocen idiomas extranjeros cuando se comunican con el francés o el español. En esta situación, se puede suponer la presencia de autismo, pero no es el caso.
El principal problema es la falta de voluntad del niño para mirar a sus padres a los ojos. Y es que la mirada atenta del niño es la clave para el correcto desarrollo del habla.

Este trastorno afecta a la capacidad del niño para hablar. El bebé no entiende cómo se pronuncian las palabras y los sonidos a nivel fisiológico. No puede abrir bien la boca, meter y girar la lengua. A menudo, este trastorno va acompañado de agnosia auditiva.

Uno de los peores veredictos de los especialistas para todos los padres. Los niños con trastorno autista no responden a su nombre y presentan retrasos en el desarrollo del habla acompañados de discapacidades psicoverbales e intelectuales. Un niño así no puede entender en una sociedad sana que se le dirija la palabra. En la multitud de sonidos que le rodean, es incapaz de concentrarse en una voz concreta. Todo el ruido carga el cerebro del niño, y con semejante carga el bebé es sencillamente incapaz de hacerle frente.

Independientemente de la razón de la falta de reacción a su propio nombre, el diagnóstico sólo debe ser realizado por un especialista. Podrá ajustar correctamente el tratamiento y dar valiosos consejos a los padres.

Cómo enseñar a un niño a responder al nombre?
Si el niño no responde a su propio nombre, su interacción con el mundo que le rodea, con otras personas y con los niños se hace más difícil. Para evitar que esto ocurra, los padres deben llevar a cabo una serie de actividades, gracias a las cuales el niño aprenderá a responder cuando se le dirija la palabra.
En primer lugar, es necesario enseñar al niño a reconocer y responder a su propio nombre en ausencia de objetos y sonidos que le distraigan. Puede ser una habitación donde no haya juguetes, como opción se puede poner al niño en la mesa de la cocina, de forma que no haya utensilios domésticos cerca de él.
Los padres deben preparar algo para estimular los esfuerzos del niño. Puede ser un juguete, una fruta cortada favorita o un cosquilleo si le produce placer a un niño.
El padre o la madre deben sentarse junto al bebé y, tras esperar el momento en que éste se dé la vuelta, dirigirse a él por su nombre. Si el niño responde, se le puede estimular con una recompensa preparada. Si no hay reacción por parte del bebé, los padres deben decir el nombre del niño más alto, acompañando la voz con un crujido de papel o una bolsa, se permite dar un golpe en la mesa. Esto debe hacerse hasta que el niño se vuelva y mire a sus padres.

Toda recompensa al niño debe ir acompañada de elogios por su buen trabajo. Es importante enseñar al niño a responder sin utilizar sonidos de acompañamiento. El ruido adicional es necesario sólo para llamar la atención.

La lección debe durar unos 10-15 minutos, después el bebé se cansa y se aburre. Esta actividad debe realizarse todos los días hasta que el niño aprenda a responder a su propio nombre en un porcentaje del 80% sobre el 100%. Sólo entonces es aceptable pasar al siguiente nivel de aprendizaje.
Cuando el niño ha empezado a responder a su propio nombre en un entorno aislado, las actividades se trasladan a un entorno más ruidoso y con distracciones.

Cuando el niño esté ocupado jugando y se oiga de fondo el sonido de la televisión, el padre debe sentarse junto al niño y dirigirse a él por su nombre. Si el bebé reacciona, hay que animarlo. Si no hay reacción, los padres deben pronunciar el nombre de la niña más alto para llamar la atención. Si de nuevo no hay reacción, hay que decir el nombre del bebé en voz alta y acompañar la voz con un susurro adicional de papel o una bolsa.
Los padres deben ser pacientes. Esta fase del aprendizaje es más difícil para el niño, ya que tiene que percibir los sonidos que le rodean y, al mismo tiempo, reconocer su nombre entre ellos. Esta actividad se realiza varias veces al día. Lo principal es asegurarse de que el bebé está realmente concentrado en algo, y en este momento intentar llamarle por su nombre.

Un porcentaje de respuesta del 80% sobre el 100% también es un resultado excelente. Sin embargo, sólo es posible pasar al siguiente nivel de formación cuando el padre no tiene que agitar las manos, atrayendo así la atención del niño.
En esta etapa, el niño debe aprender a responder a su propio nombre cuando suena lejano en una variedad de ruidos. En pocas palabras, el bebé debe reconocer la dirección que le dirigen sus padres a distancia.
Mamá y papá deben esperar a que el bebé se concentre en un juguete o un libro y, en ese momento, a cierta distancia del niño, llamarle por su nombre. Si el bebé no reacciona, hay que intentar llamarle de nuevo, pero en voz más alta. La presencia de una respuesta se recompensa con una golosina para el bebé.
En esta fase del adiestramiento, no se deben utilizar sonidos de acompañamiento adicionales, sólo la pronunciación del nombre. La distancia entre los padres y el niño debe aumentar gradualmente. Además, estas actividades deben llevarse a cabo no sólo en casa, sino también en la calle.

El resultado final debe ser 100% sobre 100%.
Estas actividades son básicas. Deben realizarse con cada niño pequeño. Aunque el bebé responda a su nombre, debes consolidar sus conocimientos y habilidades. Pueden utilizarse otros métodos de educación, pero deben desarrollarse junto con el pediatra. Lo principal es acudir antes a especialistas como el otorrinolaringólogo y el neurólogo. El primero comprueba su audición, el segundo determina la presencia de retrasos en el desarrollo. Si el neurólogo encuentra anomalías, envía al niño a que le hagan un electroencefalograma.
Para el desarrollo adicional del bebé y la consolidación de todos sus conocimientos adquiridos, se puede empezar a visitar a un logopeda-defectólogo, neuropsicólogo, participar en la integración sensorial. A veces es posible visitar a un psicólogo, pero si otros especialistas no ven desviaciones en el niño, entonces un psicólogo no será necesario.

